Ego & Rococó


Ego
Al mencionar el Rococó no me refiero al estilo artístico del siglo XVIII, sino a esa particular expresión utilizada para referirse a todo lo que sea superfluo. Estuve pensando en aquella fascinación atávica que tiene la especie humana por los firuletes en general y me preguntaba si fue siempre así o tal vez era una tendencia comportamental más bien contemporánea. Al principio pensé que era una cuestión típicamente masculina, relacionada con la necesidad de realizar demostraciones de poder, comportamiento que deriva del macho alfa que naturalmente tiene que marcar el territorio y avanzar por la vida como sea mostrando su estatus y posición. Sin embargo, en la contraparte femenina también podemos encontrar la misma fascinación expresada en el uso de joyas, bijouterie y el maquillaje. 

Estas características humanas son tan universales que si hoy como hace miles de años uno va de paseo a una tribu en Australia por ejemplo, sin tener una idea de su lengua y sus costumbres. Podría fácilmente reconocer al cacique de la tribu observando a la persona que tenga más plumas, esta misma técnica puede utilizarse en la política, en la empresa y en todas las instituciones sociales tanto en un grupo scout, en comunidad de científicos y en la comisión barrial, entonces las chequeras, certificados, medallas, trofeos y autos  pasan a tener el mismo simbolismo decorativo.

Este comportamiento tan primitivo y por tanto arquetípico me ha remitido al teatro de la Antigua Grecia en dónde los actores utilizaban una máscara para representar los roles que le tocaban, esta máscara conocida como Prosopon, es el origen de la palabra persona y personalidad. La personalidad se convierte entonces en la máscara que cubre al ser esencial, en otros términos aunque no exactos también se denomina Ego. Las máscaras como el maquillaje cumplen una doble función, la primera es representar un rol y la segunda es la protección, los egipcios se maquillaban los ojos no sólo para embellecer sino también para protegerse del sol y las arenas del desierto, las máscaras también protegen ocultando la identidad del portador, el problema suele comenzar cuando olvidamos que no somos la máscara o la personalidad y nos identificamos tanto con las etiquetas sociales, maquillajes y adornos que ya no podemos distinguir entre lo que es y lo que parece ser.

Este preámbulo podría sonar sarcástico pero no lo es, como seres sociales que somos necesitamos reflejarnos en los demás para encontrarnos a nosotros mismos, por lo menos en una primera etapa de transformación interior. Nadie puede autoproclamarse rey o presidenta de la República, son los otros los que nos reconocen como tales y nos dan ese poder asignándonos etiquetas, esto no es algo negativo en sí mismo, es simplemente humano. En la pirámide del psicólogo Maslow se puede apreciar que después de las necesidades fisiológicas y de protección, el ser humano tiene la necesidad de la filiación y el reconocimiento de sus pares, si con suerte logra satisfacer todas estas necesidades en una vida, entonces podrá buscar satisfacer la necesidad mas sublime que es su propia autorrealización como persona.

Conlleva su arte el ser capaz de disfrutar de la belleza del rococó sin perder el norte, no olvidemos que más allá de los roles que nos toquen desempeñar en el teatro de la vida, somos una anécdota en el maremágnum del Cosmos, somos polvo, de la tierra hemos venido y a ella volveremos, todo lo demás es conjetura, necesaria para evitar suicidios colectivos, pero conjeturas al fin.





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