Hestia y la divina cotidianidad: cuando lo cotidiano se vuelve sagrado
Vivimos en una cultura fascinada por lo extraordinario. Los grandes cambios, los grandes viajes, las grandes decisiones, los ascensos, los acontecimientos que podemos fotografiar, contar y convertir en hitos parecen tener mayor valor que las pequeñas acciones repetidas silenciosamente cada día. Sin embargo, buena parte de nuestra vida ocurre precisamente allí donde aparentemente no sucede nada extraordinario. Preparar una taza de café. Regar una planta. Ordenar una habitación. Cocinar. Encender una vela. Abrir las ventanas por la mañana. Doblar cuidadosamente una prenda. Sentarnos durante unos minutos en silencio. Hay una antigua diosa griega que conoce perfectamente este territorio. Su nombre es Hestia y quizá por eso, en una época dominada por la velocidad, la productividad y la estimulación permanente, su arquetipo resulte más necesario que nunca. Hestia, la diosa que permanece en el centro Dentro del panteón griego, Hestia es una figura singular. Mientras otras divinidades pro...





