Por qué a tantas mujeres les cuesta decir que no
Hay una escena que se repite con extraordinaria facilidad en oficinas, familias, grupos de amigos y organizaciones de casi cualquier tamaño. Alguien necesita que una tarea sea realizada, aparece un silencio incómodo y, después de algunos segundos, una persona termina diciendo: “Está bien, yo lo hago”. El problema no es que ayudar sea malo ni que colaborar constituya una señal de debilidad. El problema aparece cuando la disponibilidad deja de ser una elección y comienza a convertirse en una expectativa, especialmente cuando determinadas personas terminan siendo sistemáticamente identificadas como aquellas que probablemente dirán que sí. En el caso de las mujeres, esta dinámica tiene una dimensión particularmente interesante porque la dificultad para decir que no suele explicarse como un problema individual: falta de autoestima, poca asertividad, necesidad de agradar o incapacidad para establecer límites. Sin embargo, la evidencia de la psicología social y de la economía conductual sugi...





