El valor de lo “inútil”: una lección taoísta para la psique moderna
si no es medible, si no entra en una planilla o en un KPI, entonces merece quedar al margen. Esa presión nos empuja a demostrar utilidad de forma constante: somos valiosos solo en la medida en que funcionamos. Sin embargo, la sabiduría taoísta —y la lectura que hace Marie-Louise von Franz del proceso de individuación jungiano— nos recuerda algo radical: existir basta. Hay un valor en aquello que no cabe en los estándares de utilidad, un tipo de sentido que no se captura con números.
Este artículo no cuenta el cuento (eso lo dejo para el video), pero sí explora sus enseñanzas para la vida cotidiana y el trabajo.
Cuando la utilidad se vuelve jaula
La utilidad es un buen siervo y un mal amo. Nos organiza, nos permite cooperar, sostener proyectos y pagar cuentas. Pero cuando se vuelve criterio único, reduce la experiencia a rendimiento. Bajo ese régimen, el descanso se siente culpa, el juego parece pérdida de tiempo y la contemplación es sospechosa. El resultado psicológico es conocido: ansiedad por desempeño, autoexplotación y una autoestima que sube y baja al ritmo de la aprobación externa.
La enseñanza: no todo valor es utilitario. Hay cosas que valen por el simple hecho de ser, de estar, de ofrecer espacio. Y ese valor —paradójicamente— sostiene también lo utilitario, como el silencio sostiene la música.
El espacio que protege
Una de las intuiciones más finas del taoísmo es que lo no explotable protege. Lo que no puede usarse de inmediato no se exprime ni se tala; queda en pie y, al quedar, ofrece sombra, refugio y horizonte. Tradúzcalo a la psique: esas partes de ti que no rinden “resultados” inmediatos —tu curiosidad sin objetivo, tu sentido del humor, tu manera singular de mirar el mundo— son precisamente las que conservan tu vitalidad. Allí anidan la creatividad y la resiliencia.
La enseñanza: cultivar zonas “inútiles” es higiene mental. No todo tiene que justificar su existencia con una factura.
Individuación: del instrumento a la presencia
Von Franz explica el proceso de individuación como un camino de integración y autenticidad. En ese trayecto, dejamos de vivir como herramientas al servicio de expectativas ajenas y habitamos nuestra forma propia. Esto no es egoísmo; es madurez: descubrir para qué estamos hechos —no para qué nos quieren usar— y, desde ahí, ofrecer lo mejor.
La enseñanza: ser tú no es volverte “útil” para todos, sino significativo para lo que te corresponde. No forzar tu madera. No recortarte para encajar.
Wu-wei: hacer sin forzar
El taoísmo habla de wu-wei, el “no forzar”. No es pasividad, es acción sin violencia interna. Es permitir que la forma emerja, intervenir con lo justo, elegir los gestos que fluyen con el curso de las cosas. En términos psicológicos, es actuar desde la coherencia: cuando lo que pienso, siento y hago se alinean, el esfuerzo se vuelve menor y el impacto, mayor.
La enseñanza: menos empuje compulsivo, más ajuste fino. Productividad no es empujar más fuerte, sino empujar cuando corresponde.
El error de medir todo
Hay variables intangibles que sostienen la vida y el trabajo: confianza, humor, sentido de pertenencia, amistad, silencio, arte, rituales. Son “inútiles” para el Excel, pero sin ellas el Excel no se sostiene. En organizaciones, obsesionarse con lo medible empobrece lo invisible que mantiene a la gente de pie. En la vida personal, querer monetizar cada hobby agota la fuente de placer que te recarga.
La enseñanza: honra lo que no cabe en la métrica. Lo vas a reconocer porque te ensancha el pecho y no necesita permiso.
Límites: decir “no” para seguir siendo
Lo que no está disponible para cualquier uso conserva su forma. En psicología, eso se llama límite. Decir “no” no es egoísmo, es cuidado de la estructura que luego hará posible decir “sí” con verdad. Si todo en ti es “útil para otros”, te quedas sin tronco.
La enseñanza: tu “inutilidad” para ciertas demandas es tu salud. No estás para todo. Ni tienes que estar.
Aprendizajes para la vida cotidiana
a) Reescribe tu contrato interno de valor. Pasa de “valgo si rindo” a “valgo y, desde ese valor, rindo mejor”. La causalidad importa.
b) Agenda lo no-medible. Bloquea tiempo para ocio, lectura sin objetivo, caminar sin podcast, contemplar, dibujar, tocar un instrumento. Llámalo higiene simbólica.
c) Practica micro-wu-wei. Antes de actuar, pregúntate: “¿Estoy forzando? ¿Qué gesto más pequeño tendría el mismo efecto?”. Luego, prueba el gesto mínimo.
d) Define un “no” generoso. Elige una demanda que hoy te usa como herramienta y responde con un límite claro y amable. Observa la energía que retorna.
e) Cuida tu rareza. Esa afición que “no sirve para nada” probablemente sea tu bosque interior: allí renueva savia lo demás.
Aprendizajes para el trabajo (sí, también en RR.HH.)
-
No todo es KPI. Incluye indicadores cualitativos en tus revisiones: relatos de aprendizaje, micro-momentos de colaboración, ejemplos de creatividad silenciosa.
-
Diseña “espacios de sombra”. Reuniones sin agenda productiva para conversar ideas, salas de descanso reales, tiempo blanco en proyectos.
-
Evalúa aporte, no solo velocidad. A veces el trabajo más lento preserva calidad, reduce retrabajo y protege la cultura.
-
Celebra lo que sostiene. Quien escucha, calma, conecta y cuida suele ser “invisible” en los números y vital en los resultados.
Una pregunta guía
Si quitaras de tu semana todo lo que “sirve para algo” de forma inmediata, ¿qué quedaría que aún te sostenga? Lo que aparezca en esa lista es tu reserva de sentido. Protégela.
Cerrar para abrir
La enseñanza central es humilde: no todo debe servir para que algo sirva. Parte de tu valor está en lo que no puede aprovecharse al instante. Como toda paradoja fecunda, no pretende convencer: invita a probar. Te propongo un experimento simple durante siete días:
-
Un momento diario sin objetivo (10–15 minutos).
-
Un “no” honesto a una demanda instrumental que te descorteza.
-
Un gesto mínimo en lugar de un esfuerzo épico.
Observa qué cambia en tu ánimo, en tu claridad y en tu manera de relacionarte. Puede que descubras que tu “inutilidad” bien cuidada te vuelve misteriosamente más útil para lo que realmente importa.
Si este tema te resonó, te invito a ver el video en Desde Mi Psique con el cuento completo del “árbol inútil”. Allí encontrarás la historia que inspiró estas ideas y una guía para llevarlas a tu vida cotidiana.



Comentarios