Blue Monday: entre el mito contemporáneo y la psicología de enero
Pero ¿qué tan cierto es esto desde la psicología? ¿Estamos frente a un fenómeno real, medible y universal, o ante un relato bien construido que logró instalarse en el imaginario colectivo?
Este artículo propone una lectura crítica, informada y psicológicamente rigurosa del Blue Monday: su origen como estrategia de marketing, las razones reales por las que enero puede ser un mes emocionalmente desafiante y, sobre todo, estrategias de afrontamiento concretas para transitar este período sin caer en la narrativa de la derrota temprana.
El origen del Blue Monday: pseudociencia con alto impacto simbólico
El concepto de Blue Monday surge en 2005 en el Reino Unido, impulsado por una agencia de viajes que buscaba estimular la compra de vacaciones en temporada baja. Para ello, se recurrió a una supuesta fórmula matemática que combinaba variables como:
El clima invernal
Las deudas posteriores a las fiestas
El tiempo transcurrido desde Navidad
El abandono de los propósitos de Año Nuevo
La fórmula fue atribuida a Cliff Arnall, psicólogo británico, y presentada con un lenguaje técnico que simulaba cientificidad. Sin embargo, rápidamente fue cuestionada por la comunidad académica: no existía validación empírica, ni metodología replicable, ni publicaciones científicas que la respaldaran.
Desde una perspectiva estrictamente científica, el Blue Monday no existe.
Y sin embargo —aquí aparece lo interesante— funciona.
Como concepto cultural, logró instalarse, repetirse y actualizarse año tras año. Desde el punto de vista del marketing, fue una estrategia extraordinariamente eficaz. Desde la psicología social, estamos frente a un mito contemporáneo: una narrativa que, aun siendo falsa en términos científicos, resulta psicológicamente verosímil.
No creemos en la fórmula, pero sí reconocemos el sentimiento.
Enero no es triste porque sea lunes: las razones psicológicas reales
El error del Blue Monday no está en señalar que enero puede ser difícil, sino en reducir un fenómeno complejo a una fecha puntual. La psicología muestra que no hay un día triste universal, pero sí un conjunto de factores que convergen en este mes y que impactan en el bienestar emocional.
1. La cuesta de enero y el estrés financiero
Uno de los factores más consistentes es el impacto económico. Las fiestas de fin de año suelen implicar gastos extraordinarios: regalos, celebraciones, viajes, compromisos sociales. Enero llega, en muchos casos, con tarjetas de crédito exigidas, presupuestos ajustados y una sensación de “desbalance” financiero.
El estrés financiero es uno de los estresores psicológicos más potentes y menos visibles. No solo genera ansiedad inmediata, sino que afecta la percepción de control, la autoestima y la capacidad de proyectarse.
Desde la psicología económica sabemos que la incertidumbre financiera reduce la sensación de autoeficacia y aumenta la rumiación mental. Enero, entonces, no entristece: preocupa.
2. Expectativas infladas y dopamina temprana
El inicio del año es, paradójicamente, uno de los momentos más dopaminérgicos del calendario. Nuevos comienzos, metas, resoluciones, promesas internas de cambio. El cerebro anticipa recompensas futuras y libera dopamina asociada a la motivación.
El problema aparece cuando esa dopamina no encuentra sostén conductual.
Los objetivos suelen ser demasiado ambiciosos, poco específicos o mal estructurados. Cuando el entusiasmo inicial no se traduce en hábitos, aparece la frustración. No porque enero “sea triste”, sino porque la brecha entre expectativa y realidad se vuelve evidente muy rápido.
3. El vacío postfiestas
Diciembre es un mes de alta estimulación: encuentros, rituales, cierre de ciclos, balance emocional. Enero, en contraste, es silencioso, largo y funcional. El cuerpo y la psique pasan de la celebración al rendimiento.
Este contraste genera una sensación de vacío que muchas personas confunden con tristeza, cuando en realidad se trata de un proceso normal de descompresión emocional.
4. El calendario como espejo existencial
El cambio de año no es solo cronológico; es simbólico. Enero nos enfrenta a preguntas incómodas:
¿Qué hice con el año que pasó?
¿Estoy donde esperaba estar?
¿Qué no cumplí?
Desde una lectura psicológica profunda, enero activa procesos de evaluación del yo, comparación social y conciencia del tiempo. No es un mes triste: es un mes reflexivo, y eso no siempre es cómodo.
Enero, los gimnasios y la psicología del abandono (una metáfora perfecta)
Un dato curioso —y revelador—: enero es el mes con mayor cantidad de inscripciones en gimnasios… y también el mes con mayor abandono posterior.
Las estadísticas muestran que más del 50% de las personas que se inscriben en enero dejan de asistir antes de terminar febrero.
Este fenómeno ilustra con claridad un patrón psicológico recurrente:
Amamos la idea del cambio más que el proceso del cambio.
Enero concentra el deseo; febrero enfrenta la disciplina.
Desde la psicología del hábito, sabemos que la motivación inicial no sostiene conductas a largo plazo. Lo que las sostiene es la estructura, la repetición y la reducción de la fricción. Enero fracasa no por falta de ganas, sino por exceso de expectativas y déficit de diseño conductual.
Estrategias de afrontamiento: cómo atravesar enero sin caer en el mito
Si el Blue Monday es un mito, pero enero sí puede ser desafiante, la pregunta relevante es otra: ¿qué hacemos con esto?
1. Cambiar objetivos por sistemas
En lugar de metas grandilocuentes (“este año voy a cambiar todo”), conviene diseñar sistemas pequeños y sostenibles. No preguntarse qué quiero lograr, sino qué puedo sostener.
2. Financiar la calma
Enero es un excelente mes para ordenar, no para castigarse. Presupuestos realistas, revisión de gastos y planificación reducen significativamente la ansiedad. La claridad financiera es reguladora del sistema nervioso.
3. Normalizar el bajón postinicio
Sentirse menos motivado después del entusiasmo inicial no es un fracaso personal, es un patrón humano. Comprenderlo reduce la autoexigencia y la culpa.
4. Volver al placer no productivo
No todo en enero debe ser rendimiento. En Estados Unidos, este mes se reconoce como el Mes Nacional de los Hobbies, y no es casual. Las actividades placenteras sin finalidad productiva regulan el estrés, estimulan la creatividad y restauran el equilibrio psíquico.
(Si te interesa profundizar en este punto, te invitamos a ver nuestro video sobre la psicología de los hobbies, donde desarrollamos este tema en profundidad).
Más allá del Blue Monday
El Blue Monday no es real, pero dice algo verdadero: enero nos confronta. No con la tristeza, sino con la realidad. Con los límites, con el cansancio, con lo pendiente.
La pregunta no es cómo evitar enero, sino cómo habitarlo con más conciencia y menos juicio.
Si querés profundizar en este tema, te invitamos a ver el video completo sobre el Blue Monday en nuestro canal de YouTube, y también a leer el artículo dedicado al mes de enero y su impacto en la psique, donde abordamos su simbolismo y su lugar en los ciclos humanos.
Porque entender lo que nos pasa no elimina el malestar, pero sí lo vuelve más habitable.
Y eso, en psicología, ya es mucho.



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