Ser mujer: un viaje heroico, de Maureen Murdock

Reseña, resumen por capítulos y las 10 etapas del viaje de la heroína

Ser mujer, un viaje heroico
Hay libros que explican una teoría y otros que ofrecen un mapa. Ser mujer: un viaje heroico, de Maureen Murdock, pertenece principalmente a la segunda categoría.

Publicado originalmente en 1990 con el título The Heroine’s Journey: Woman’s Quest for Wholeness, el libro nació como una respuesta al célebre modelo del viaje del héroe de Joseph Campbell. Murdock había estudiado su obra y consideraba que aquel recorrido mítico no describía adecuadamente ciertos procesos psicoespirituales que observaba en las mujeres con las que trabajaba y en su propia experiencia. A partir de allí desarrolló un modelo circular en el que la búsqueda femenina no culmina simplemente con la conquista de un tesoro exterior, sino con la recuperación de aquello que fue rechazado y la integración de dimensiones aparentemente opuestas de la personalidad y esa diferencia cambia toda la historia, porque en el viaje de la heroína también hay separación, desafíos, monstruos y conquistas. Pero llega un momento en que ganar ya no basta.

La mujer puede haber conseguido autonomía, reconocimiento, independencia, una profesión, una posición o simplemente la identidad que durante años se esforzó por construir y, sin embargo, comenzar a sentir una extraña aridez interior. La pregunta deja entonces de ser: ¿Cómo puedo llegar más lejos?

Y empieza a convertirse en otra mucho más incómoda: ¿Qué partes de mí tuve que dejar atrás para llegar hasta aquí? Ese es el territorio de Maureen Murdock.

¿De qué trata Ser mujer: un viaje heroico?

La editorial Gaia presenta la obra como la descripción de un proceso orientado hacia un yo “psíquicamente sano y espiritualmente vivo”, cuyo movimiento inicial parte del rechazo de lo femenino y de la identificación con valores masculinos culturalmente dominantes, para posteriormente atravesar un descenso y recuperar una relación más profunda con lo femenino, pero conviene aclarar desde el principio qué entendemos aquí por masculino y femenino. Murdock escribe desde una tradición psicológica y simbólica fuertemente influida por la psicología profunda. Por eso estas palabras no deberían leerse simplemente como equivalentes de “hombre” y “mujer”.

Cuando el libro habla de valores masculinos suele referirse a cualidades como acción, racionalidad, autonomía, competencia, estructura, logro, control y capacidad de intervenir en el mundo. Lo femenino aparece relacionado con cuerpo, receptividad, intuición, vínculo, creatividad, emoción, naturaleza, interioridad y capacidad para sostener los ciclos de nacimiento, pérdida y renovación.

Leído literalmente desde el siglo XXI, este lenguaje puede resultar excesivamente binario. Y creo que sería un error transformar el libro en una nueva colección de mandatos sobre cómo “debe ser” una mujer. Una lectura contemporánea mucho más fértil consiste en entender esos dos polos como funciones simbólicas disponibles para cualquier psique.

El problema que señala Murdock no sería entonces que una mujer desarrolle autonomía, racionalidad, ambición o capacidad de logro. Todo lo contrario: muchas de esas conquistas forman parte necesaria de su desarrollo.

El problema aparece cuando siente que para conseguirlas debe expulsar de sí misma todo aquello que asocia con vulnerabilidad, cuerpo, dependencia, emoción, receptividad o cuidado. La búsqueda final no consiste en cambiar un extremo por otro, consiste en integrar. Ese es probablemente el concepto más importante de todo el libro.

Maureen Murdock y Joseph Campbell: ¿por qué hacía falta otro viaje?

Joseph Campbell publicó El héroe de las mil caras en 1949 y describió allí un patrón recurrente en mitos y relatos heroicos: llamada a la aventura, cruce del umbral, pruebas, iniciación, obtención del tesoro y regreso.

Murdock reconocía el valor de ese modelo, pero observó que no representaba completamente la experiencia de muchas mujeres contemporáneas. En su formulación, la heroína comienza separándose de determinados valores femeninos, busca reconocimiento en una cultura dominada por criterios masculinos de éxito, atraviesa una crisis o “muerte espiritual” y finalmente inicia un movimiento hacia dentro para recuperar lo que había quedado relegado.

Treinta años después de la publicación original, la propia Murdock explicó que escribió el libro pensando en las mujeres de su generación, muchas de las cuales habían buscado validación dentro de sistemas competitivos que les exigían demostrar constantemente su capacidad. Este contexto histórico es importante.

El viaje de la heroína no debería convertirse en una descripción universal de todas las mujeres de todas las culturas y épocas. Es una construcción surgida de determinada experiencia histórica, clínica y cultural, pero eso no le resta valor. Los buenos mapas simbólicos no son interesantes porque describan exactamente a todo el mundo, son interesantes porque, de pronto, nos permiten reconocer un paisaje.

Resumen de Ser mujer: un viaje heroico, capítulo por capítulo

1. El alejamiento de lo femenino

El viaje comienza con una separación. La mujer necesita construir una identidad propia y, para hacerlo, puede comenzar rechazando aquello que asocia con la feminidad que ha conocido. La primera representación de ese femenino suele ser la madre, pero la madre del libro no es únicamente la mujer concreta que nos dio la vida. También representa el primer modelo de feminidad con el que entramos en contacto.

Si una niña percibe a las mujeres como dependientes, impotentes, sacrificadas, frustradas o subordinadas, puede construir silenciosamente una conclusión: yo no quiero ser eso.

Murdock explora en este capítulo la separación de la madre, la imagen de la madre terrible, el rechazo del cuerpo femenino y las consecuencias psicológicas de sentirse rechazada o desconectada de la propia genealogía femenina. La separación es necesaria para construir identidad. El problema aparece cuando diferenciarse de la madre se convierte en rechazar todo lo femenino. La mujer puede entonces desarrollar su personalidad entera alrededor de una negación: no parecerse a aquello de lo que intenta escapar.

La autora señala que cuando lo femenino se percibe como negativo, impotente o manipulador, también pueden terminar rechazándose cualidades positivas asociadas simbólicamente con él: nutrición, intuición, expresividad emocional, creatividad y espiritualidad. Así comienza el viaje, no buscando todavía lo femenino. Alejándose de él.

2. La identificación con lo masculino

Después de separarse de determinados modelos femeninos, la heroína busca una nueva fuente de identidad. Aparecen entonces el padre, los aliados masculinos y el mundo exterior. La mujer aprende las reglas: cómo avanzar, cómo competir, cómo demostrar competencia, cómo controlar sus emociones, cómo obtener reconocimiento, cómo convertirse en alguien que el mundo considere valioso.

Murdock utiliza aquí el símbolo de Atenea, nacida de la cabeza de Zeus y separada de su madre Metis. Para la autora representa una conciencia identificada con el mundo paterno y con los valores culturales dominantes. Esta etapa posee una dimensión profundamente positiva. La heroína aprende autonomía, disciplina, pensamiento crítico, capacidad de decisión y eficacia. El problema aparece cuando esa adaptación exige una fidelidad absoluta.

La voz interior empieza a decir: debes ser fuerte, debes poder sola, no te detengas, no muestres debilidad, hazlo mejor, demuestra que mereces estar aquí y aquí encontramos uno de los temas más contemporáneos del libro: la adicción a la perfección. La mujer ya no busca solamente hacerlo bien. Busca demostrar que puede hacerlo impecablemente.

3. Las pruebas del camino

Ahora llegan los ogros y los dragones, algunos existen en el mundo exterior, otros viven dentro de la psique.

Murdock aborda los mitos de la dependencia, la inferioridad femenina y el amor romántico, junto con las distintas pruebas mediante las cuales la mujer construye un yo autónomo. Una de las imágenes más interesantes es el dragón de dos cabezas: esos conflictos en los que aparentemente ninguna opción permite ganar. Ser fuerte, pero no intimidante. Independiente, pero disponible. Ambiciosa, pero agradable. Exitosa, pero capaz de sostener simultáneamente todas las demás áreas de su vida. La mujer puede terminar viviendo sometida a estándares imposibles de satisfacer.

En esta etapa Murdock recurre también al mito de Psique y Eros, una historia especialmente rica para explorar dependencia, amor, identidad y diferenciación. La autora explica que parte de las pruebas interiores consiste precisamente en superar los mitos de inferioridad, dependencia y la fantasía de que “el otro” completará nuestra existencia. La heroína aprende así a enfrentarse a los monstruos, pero todavía cree que detrás del último dragón la espera la recompensa definitiva.

4. La dicha ilusoria del éxito

Y finalmente consigue el tesoro, puede ser una carrera, dinero, reconocimiento, una familia, independencia, prestigio, una determinada imagen de éxito.

La cuestión no es cuál sea el tesoro, lo importante es que la mujer llega al lugar que durante años imaginó como destino, pero Murdock introduce aquí una perturbación fundamental: el éxito puede ser real y la satisfacción, sin embargo, incompleta.

El capítulo aborda la figura de la “supermujer”, la necesidad de responder simultáneamente a múltiples expectativas y el mito de no ser nunca suficiente, es la mujer que puede con todo o al menos eso parece. La paradoja es brutal: cuanto más competente se vuelve, más cosas puede cargar sobre sí. El éxito se convierte en una cinta transportadora, cada conquista rápidamente deja de ser extraordinaria y se transforma en el nuevo mínimo esperado y un día puede aparecer una pregunta devastadora:

¿Era esto? No porque aquello conseguido carezca de valor, sino porque ninguna conquista exterior puede resolver por sí sola todas las necesidades de la vida interior. Aquí empieza a agrietarse el antiguo modelo heroico.

5. Las mujeres fuertes pueden decir que no

Decir no parece una acción pequeña, pero psicológicamente puede representar una revolución.

Murdock relaciona este momento con la experiencia de traición, con la autoridad paterna y con figuras míticas como Ifigenia, sacrificada por su padre Agamenón para favorecer la expedición griega hacia Troya. La imagen del sacrificio resulta poderosa. ¿Cuántas veces una persona entrega necesidades, deseos o partes de su identidad para preservar la estructura a la que pertenece? familia, pareja, trabajo, institución, religión, expectativas culturales. En algún momento del viaje aparece la necesidad de dejar de ofrecerse continuamente en el altar de lo esperado. La mujer fuerte descubre entonces que su verdadera fortaleza no consiste únicamente en soportar. También consiste en retirar consentimiento.

Murdock utiliza una expresión profundamente simbólica: el rey debe morir, no necesariamente el padre real, no necesariamente un hombre concreto.

Debe morir la autoridad interior que hasta entonces tenía el poder de decidir qué vida era legítima y cuando esa autoridad cae, aparece algo desconcertante. Silencio, porque después de aprender durante años qué debíamos hacer, quizá todavía no sepamos qué queremos.

6. La iniciación y el descenso a la Diosa

Aquí llegamos al corazón del libro. El viaje cambia de dirección, durante la primera mitad, la heroína avanzaba hacia afuera. Ahora comienza a descender. Los grandes mitos femeninos conocen bien este movimiento. Perséfone entra en el inframundo. Inanna atraviesa siete puertas. Psique debe descender al reino de los muertos. El símbolo es insistente: para recuperar algo esencial no hay que subir. Hay que bajar.

Murdock describe el descenso como un período de desestructuración que puede aparecer después de pérdidas, separaciones, enfermedades, cambios de identidad, crisis vitales, envejecimiento o transiciones profundas. Puede durar semanas, meses o incluso años y, según la autora, no puede apresurarse artificialmente. La heroína empieza a encontrarse con todo aquello que fue relegando: rabia, dolor, cuerpo, deseos, creatividad, fragilidad, necesidades, partes de sí misma que no encajaban dentro de la identidad eficiente que había construido. El mito central es el descenso de Inanna. A cada puerta del inframundo, Inanna debe desprenderse de uno de sus atributos de poder. Cuando finalmente llega ante Ereshkigal ya no puede presentarse mediante sus títulos. Ese gesto contiene una pregunta psicológica extraordinaria: ¿quién soy cuando ya no puedo definirme por aquello que he conseguido? El descenso no es un castigo. Es una iniciación.

7. El urgente anhelo de reconectar con lo femenino

Después de la oscuridad aparece un deseo de regreso, no necesariamente hacia la vida anterior. Hacia algo más profundo: el cuerpo, la naturaleza, la creatividad, los sueños, la intuición, la sexualidad, la comunidad, los ritmos internos. Aquello que había sido considerado improductivo empieza a recuperar valor.

La propia Murdock explica que esta etapa suele implicar una necesidad urgente de recuperar la conexión con lo femenino sagrado y con capacidades corporales, intuitivas y creativas que habían sido relegadas, pero esta reconexión no significa regresar pasivamente al modelo de mujer rechazado al comienzo. Ese punto es esencial. La heroína ya ha cambiado.

Ha aprendido autonomía, ha encontrado su voz, ha desarrollado pensamiento, capacidad de acción y discernimiento. No debe perder nada de eso. La tarea consiste en recuperar lo que faltaba. Podríamos decirlo así: no regresar a quien era antes de partir, sino recuperar aquello que tuvo que abandonar para poder partir.

8. Curar la ruptura madre-hija

La madre reaparece, pero la hija ya no es la misma. Ahora puede mirar hacia atrás sin necesitar regresar a la infancia.

El libro explora a las hijas sin madre, la búsqueda de la madre personal, la imagen de la madre divina, la naturaleza, la comunidad, las abuelas, las imágenes de la Diosa y las figuras femeninas que emergen de los sueños. Sanar la ruptura madre-hija no significa necesariamente reconciliarse literalmente con la madre real. Hay relaciones que no pueden repararse. Madres ausentes. Madres fallecidas. Madres incapaces de reconocer determinadas heridas. La reparación puede ser fundamentalmente interior. Consiste en separar dos preguntas que durante mucho tiempo estuvieron confundidas: ¿qué necesito dejar atrás de mi madre? ¿qué necesito recuperar de lo femenino que rechacé junto con ella?

Cuando esas preguntas empiezan a diferenciarse, la genealogía cambia de significado. La madre deja de ser solamente “mamá”, aparece también como mujer, detrás de ella aparece la abuela y detrás otra. La heroína comienza a comprender que algunas heridas son personales y otras pertenecen a historias mucho más antiguas. Sanar no significa idealizar ese linaje, significa dejar de necesitar destruirlo para poder existir.

9. El encuentro con el hombre interno con corazón

Sería sencillo interpretar todo el viaje como una sustitución: primero demasiado masculino; después recuperamos lo femenino; fin, pero Murdock no termina ahí. Ahora debe sanarse lo masculino herido.

La voz interior masculina que durante años exigía rendimiento puede haber sido cruel: no descanses, no llores, no necesites, controla, resiste, demuestra.

Pero el objetivo no consiste en expulsar el principio masculino de la psique, consiste en transformarlo.

Murdock diferencia aquellos aspectos que ignoran límites, cuerpo y sentimientos de otras cualidades masculinas positivas que permiten convertir imágenes en acciones, expresar una verdad y asumir autoridad personal. Este punto me parece especialmente valioso. La intuición necesita alguna vez convertirse en decisión. La creatividad necesita estructura. Un límite necesita ser pronunciado. Una visión necesita manos que puedan construirla.

La mujer ya no necesita un tirano interior, pero sí puede necesitar un masculino con corazón. Una capacidad de actuar que no se haya separado de la sensibilidad.

10. Más allá de la dualidad

Finalmente llegamos a la integración, no gana lo femenino, no gana lo masculino. La heroína deja de organizar su identidad alrededor de una guerra entre ambos.

Murdock denomina a esta etapa final la unión o matrimonio sagrado de lo masculino y lo femenino: el momento en que la persona reconoce y acepta ambos aspectos de su naturaleza. Entonces aparecen nuevas posibilidades: actuar y esperar, pensar e intuir. construir y recibir, ser independiente y permitir vínculo, poner límites y cuidar, producir y descansar, hablar y escuchar.

La heroína conserva lo aprendido durante la primera mitad del viaje. Murdock insiste en que no debe abandonar sus habilidades ni sus conquistas; necesita comprender que eran una parte del recorrido, no su finalidad completa. El viaje termina entonces donde realmente quería llegar desde el principio: no al éxito. A la totalidad.

Las 10 etapas del viaje de la heroína de Maureen Murdock

Aunque los capítulos del libro desarrollan numerosos mitos y temas psicológicos, el esquema general puede resumirse en diez grandes movimientos:

1. Alejamiento de lo femenino

La heroína se distancia de los modelos femeninos que identifica con impotencia, dependencia o limitación.

2. Identificación con lo masculino y reunión de aliados

Busca autonomía y reconocimiento dentro del mundo exterior y aprende sus reglas.

3. Las pruebas del camino: ogros y dragones

Enfrenta obstáculos externos e internos: dependencia, inferioridad, perfeccionismo y fantasías del amor romántico.

4. Encuentro con el tesoro del éxito

Consigue aquello por lo que trabajó y experimenta la satisfacción de haber conquistado su lugar.

5. Despertar de la aridez espiritual: muerte

Comprueba que el logro exterior no basta. Algo de la antigua identidad comienza a morir.

6. Iniciación y descenso a la Diosa

La dirección se invierte. Comienza el descenso hacia la oscuridad, el inconsciente y las partes relegadas de la personalidad.

7. Urgente anhelo de reconectar con lo femenino

Regresan cuerpo, intuición, creatividad, naturaleza, vínculo y vida interior.

8. Sanación de la ruptura madre-hija

La relación con la madre personal, simbólica y ancestral puede ser revisada desde una posición adulta.

9. Sanación de lo masculino herido

La dureza, el control y la exigencia se transforman en capacidad de acción, protección, discernimiento y autoridad.

10. Integración de lo masculino y lo femenino

Los opuestos dejan de vivirse como enemigos. La heroína puede comenzar a habitar una identidad más completa.

La propia formulación posterior de Murdock describe precisamente este arco: separación inicial de los valores femeninos, búsqueda de éxito en una cultura patriarcal, muerte espiritual, giro hacia el mundo interior, recuperación del femenino y finalmente reconocimiento de una naturaleza dual integrada.

El viaje de la heroína no es simplemente el viaje del héroe protagonizado por una mujer

Esta diferencia merece enfatizarse. Cambiar a Ulises por una protagonista femenina no crea automáticamente un viaje de la heroína. Una mujer también puede protagonizar perfectamente el modelo heroico clásico: salir al mundo, superar obstáculos, conseguir un objetivo y regresar victoriosa.

El mapa de Murdock habla de otra cosa. Su movimiento psicológico característico podría resumirse así:

separación → conquista → desilusión → descenso → recuperación → integración.

La gran ruptura aparece después del éxito. Precisamente cuando una narración heroica tradicional podría terminar, el viaje de la heroína comienza a preguntarse por el precio de la conquista.

¿Qué fue sacrificado? ¿Qué dejó de escucharse? ¿Qué partes de la identidad fueron consideradas incompatibles con el poder? ¿Qué ocurre cuando el mundo exterior ya no puede responder las preguntas que empiezan a nacer dentro? Por eso el descenso resulta tan importante.

La heroína no necesita otro dragón, necesita encontrarse consigo misma sin la armadura.

¿Sigue siendo vigente el viaje de la heroína?

Creo que sí, pero con una condición: no convertirlo en dogma.

Han pasado más de tres décadas desde la publicación original. La propia Murdock revisó el significado de su obra treinta años después y situó su origen en una generación de mujeres que buscaba validación dentro de sistemas profundamente competitivos.

Algunas categorías del libro pueden resultar demasiado binarias para nuestra sensibilidad actual. No todas las mujeres se alejan de sus madres. No todas persiguen una carrera. No todas viven una identificación intensa con el padre. No existe una sola experiencia femenina y tampoco conviene asignar automáticamente razón, fuerza y autonomía a “lo masculino” y emoción, naturaleza o receptividad a “lo femenino” como si fueran propiedades biológicas inevitables, pero si aceptamos esas categorías como símbolos en lugar de convertirlas en estereotipos, aparece algo mucho más interesante.

El libro empieza a hablarnos sobre integración psíquica. Sobre las partes de nosotros mismos que desarrollamos porque el mundo las recompensa y sobre aquellas que aprendemos a esconder porque parecen incompatibles con la identidad que queremos construir. Desde allí, el viaje de la heroína trasciende incluso la experiencia exclusivamente femenina. La pregunta puede interesarnos a todos:

¿qué tuvimos que excluir de nosotros mismos para convertirnos en quienes somos?

Una lectura desde la psicología junguiana: no perfección, sino totalidad

Aquí el libro se encuentra con una de las intuiciones más poderosas de la psicología profunda. El objetivo del desarrollo psicológico no consiste necesariamente en volvernos impecables. Consiste en volvernos más completos. Aquello que excluimos no desaparece simplemente porque hayamos decidido que no encaja en nuestra identidad.

Regresa, a veces como síntoma, como sueño, como fascinación, como crisis, como relación repetitiva, como cansancio, como una sensación inexplicable de vacío, por eso el descenso posee tanta potencia simbólica.

La mujer que aparentemente ha perdido el rumbo puede estar atravesando otra clase de orientación, durante años avanzó hacia afuera. Ahora la psique comienza a pedirle movimiento hacia dentro y eso explica una paradoja preciosa del viaje de Murdock: a veces perder una antigua dirección forma parte de encontrar una orientación más profunda.

Mi valoración de Ser mujer: un viaje heroico

Lo más valioso del libro no es que proporcione diez casilleros para averiguar “en qué etapa estamos”. Su verdadera riqueza aparece en la combinación de experiencia psicológica, mitología, sueños y símbolos. Murdock recurre a Psique, Inanna, Ifigenia, Perséfone y otras figuras míticas porque los mitos permiten representar experiencias demasiado complejas para ser explicadas únicamente mediante conceptos y allí el libro adquiere una profundidad que una simple teoría del desarrollo personal no tendría. Sus mejores páginas aparecen cuando la experiencia contemporánea y el símbolo antiguo se reconocen mutuamente.

La profesional agotada y la diosa que desciende.

La hija que necesita separarse y la mujer que posteriormente busca su genealogía.

La conquistadora que obtiene el tesoro y descubre que todavía debe encontrar su alma.

Su principal limitación es también hija de su época: algunas oposiciones entre femenino y masculino necesitan ser reinterpretadas cuidadosamente para no convertir un libro sobre integración en otra colección de estereotipos, pero leído con inteligencia crítica, Ser mujer: un viaje heroico sigue ofreciendo algo valioso, no una receta, una conversación. Un lenguaje para nombrar ciertos momentos de transición interior que muchas veces resultan difíciles de explicar.

¿En qué etapa del viaje estás?

Quizá todavía estés demostrando que puedes. Quizá estés luchando contra dragones. Quizá alcanzaste una meta que durante años imaginaste definitiva y ahora no entiendes por qué no te sientes como esperabas. Quizá estás diciendo “no” por primera vez. Quizá llegó la aridez. Quizá has descendido. Quizá estás recuperando silenciosamente cosas pequeñas: el cuerpo, los sueños, la creatividad, el descanso, una relación diferente con tu madre o contigo misma o quizá empiezas a comprender que ya no necesitas elegir entre ser fuerte y ser sensible, autónoma y vinculada, racional e intuitiva.

El esquema de Murdock es circular, podemos atravesarlo más de una vez. Cada gran transformación puede obligarnos a negociar nuevamente la relación entre aquello que mostramos al mundo y aquello que vive en nuestras profundidades, por eso quizá la pregunta más interesante no sea solamente:

¿en qué etapa estoy? Sino también: ¿qué parte de mí está intentando regresar?

El viaje continúa en Desde Mi Psique

Si este recorrido despertó tu curiosidad, preparé un video completo sobre El viaje de la heroína de Maureen Murdock, en el que atravesamos visual y narrativamente cada una de sus diez etapas: el alejamiento de lo femenino, los dragones, la conquista del éxito, la aridez espiritual, el descenso a la Diosa, la reconciliación con la madre, la sanación de lo masculino herido y finalmente la integración.

No es solamente un resumen del libro, es un viaje por sus símbolos, por sus mitos y, sobre todo, por las preguntas que este mapa todavía puede hacernos sobre nuestra propia vida.

▶️ Mira el video completo: “El viaje de la heroína de Maureen Murdock | Las 10 etapas de Ser mujer: un viaje heroico” en el canal Desde Mi Psique.

Y mientras lo ves, observa algo: quizá alguna de las imágenes del viaje te resulte extrañamente familiar. A veces reconocemos un símbolo mucho antes de comprender por qué nos estaba esperando.



Fuentes y lecturas consultadas

  • Maureen Murdock, The Heroine’s Journey: Woman’s Quest for Wholeness. La autora explica el origen, estructura y significado de su modelo en su sitio oficial y en su artículo publicado originalmente en la Encyclopedia of Psychology and Religion.

  • Maureen Murdock, “The 30th Anniversary of The Heroine’s Journey”, reflexión retrospectiva de la autora sobre el contexto histórico y cultural en el que desarrolló el modelo.

  • Gaia Ediciones, ficha de la edición española Ser mujer: un viaje heroico, ISBN 9788484452867.

Comentarios

Entradas populares