Limerencia: cuando el enamoramiento se convierte en una proyección
Qué es la limerencia
El término limerencia fue introducido por la psicóloga Dorothy Tennov para describir un estado involuntario de intensa atracción romántica, caracterizado por:
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Pensamientos intrusivos y persistentes sobre la persona deseada
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Idealización extrema
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Necesidad constante de señales de reciprocidad
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Cambios emocionales abruptos ante la presencia, ausencia o ambigüedad del otro
A diferencia del amor maduro, la limerencia no se basa en el conocimiento del otro, sino en la fantasía. No se ama tanto a la persona real como a la imagen que se construye de ella.
Desde el punto de vista neuropsicológico, la limerencia activa los circuitos de recompensa del cerebro, especialmente aquellos asociados a la dopamina. Por eso se experimenta como euforia… y también como abstinencia cuando el vínculo no se confirma.
Limerencia no es amor (aunque se le parezca)
Uno de los errores más frecuentes es confundir la intensidad con profundidad.
El amor implica tiempo, reconocimiento del otro, aceptación de la diferencia y cierta estabilidad emocional.
La limerencia, en cambio, se sostiene en la incertidumbre. Vive de la expectativa, del “¿qué pensará?”, del “¿y si…?”.
En la limerencia:
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El otro se vuelve central
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La identidad propia se diluye
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La autoestima oscila según la respuesta externa
Por eso muchas relaciones comienzan con una intensidad arrolladora y se desmoronan cuando la realidad irrumpe. No fracasan por falta de amor, sino porque estaban sostenidas por una proyección.
La lectura junguiana: amar al otro o amar la imagen
Desde la psicología analítica de Jung, la limerencia puede entenderse como un fenómeno de proyección del ánima o el ánimus.
Aquello que no está integrado en nuestra psique —rasgos, deseos, potencialidades— se proyecta en una figura externa. El otro se convierte en portador de lo que creemos que nos falta.
El problema aparece cuando la persona queda atrapada en el espejo, creyendo que el sentido está afuera, cuando en realidad el movimiento necesario es hacia adentro.
El espejo del arte: cuando la psicología ya estaba pintada
Mucho antes de que la psicología nombrara la limerencia, el arte ya la había representado. En Los Amantes de Remedios Varo, dos figuras se miran con devoción, pero no se ven entre sí: se reflejan a sí mismas en un espejo. La escena captura con precisión quirúrgica el núcleo del fenómeno limerente: mirar al otro y encontrarse con uno mismo. El amor como espejo, no como encuentro.Este paralelismo entre psicología y arte revela algo importante: la limerencia no es patológica en sí misma, pero sí es peligrosa cuando se la confunde con amor pleno.
Por qué entender la limerencia importa
Comprender la limerencia tiene implicancias profundas:
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En relaciones de pareja
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En rupturas difíciles de soltar
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En vínculos idealizados que nunca se concretan
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En patrones repetidos de enamoramiento intenso y frustración
Ponerle nombre al fenómeno permite recuperar agencia. Ya no se trata de “algo que me pasa”, sino de algo que puedo observar, comprender y transformar.
Del hechizo a la conciencia
🎥 Para profundizar
Este tema lo desarrollo en profundidad en el video “Limerencia: el hechizo del amor idealizado”, donde exploro el concepto desde la psicología, Jung y el arte, con ejemplos claros y una mirada integradora. 👉 Te invito a verlo en el canal Desde Mi Psique.




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